Si fueran sonidos traerían un aletear de manzanas
crepitar de hojas
el silencio doloroso del crecer
una carcajada retumbando eterna en la habitación
el papel de un caramelo desenvolviendose
esa palabra mal pronunciada
y el ejercicio mil veces repetido para la sanación
el deslizarse del lápiz 4B en el papel rugoso
estelas tranquilas en el lago
un grito jugoso, sorprendido
si y sólo si
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viernes, 2 de diciembre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
La mesa está servida
Vino y se sentó a mi mesa.
Le hice señas para que pasemos al fondo, no quería que lo vieran conmigo.
Se sentó y conversó como antes, como si no hubiera descarrilado el tren.
Apoyó sus manos crudas en la mesa y me miró, después de tanto tiempo.
Una como incomodidad se revolvió en mí, quise testigos cercanos.
La fonda estaba llena, ruidosa, oscura. La mesera repartía platos de sopa colmados y medias botellas de vino, un poco de pan por favor.
No se quitó la gorra raída cuando empezó a remojar el pan en la sopa, los dedos ahogándose.
No quería saber, no preguntaba. Se quemaba.
Casi no le veía los ojos, no podía saber lo que estaban diciendo al verme.
Aghh, quema! Sonreí. Sonrió. Vale.
No sa había movido, pero era como si se hubiera acercado, barriendo con toneladas de escombros.
No se muy bien, creo que sigo sentada en esa fonda, oscilando pesada, inerte, perpetuamente subyugada.
O tal vez salí, en algún momento junté fuerzas y salí. Pero él me persigue, se pega a mí como una culpa. Lo veo apoyando un pie en el muro, saboreando de reojo mis derrotas.
Le hice señas para que pasemos al fondo, no quería que lo vieran conmigo.
Se sentó y conversó como antes, como si no hubiera descarrilado el tren.
Apoyó sus manos crudas en la mesa y me miró, después de tanto tiempo.
Una como incomodidad se revolvió en mí, quise testigos cercanos.
La fonda estaba llena, ruidosa, oscura. La mesera repartía platos de sopa colmados y medias botellas de vino, un poco de pan por favor.
No se quitó la gorra raída cuando empezó a remojar el pan en la sopa, los dedos ahogándose.
No quería saber, no preguntaba. Se quemaba.
Casi no le veía los ojos, no podía saber lo que estaban diciendo al verme.
Aghh, quema! Sonreí. Sonrió. Vale.
No sa había movido, pero era como si se hubiera acercado, barriendo con toneladas de escombros.
No se muy bien, creo que sigo sentada en esa fonda, oscilando pesada, inerte, perpetuamente subyugada.
O tal vez salí, en algún momento junté fuerzas y salí. Pero él me persigue, se pega a mí como una culpa. Lo veo apoyando un pie en el muro, saboreando de reojo mis derrotas.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Empacho
Borbotones de ti
y vomito.
Tender hacia adelante como una flecha, y quebrarse.
Bailar, saltar, gritar
huir.
Es duro el quedarse, no hay Cristo que parta para nosotros el pan.
y vomito.
Tender hacia adelante como una flecha, y quebrarse.
Bailar, saltar, gritar
huir.
Es duro el quedarse, no hay Cristo que parta para nosotros el pan.
Vals
baila y sus pies escriben palabras que no osaría pronunciar
el suelo deviene una página en blanco
y escribe
cruzar el océano, amar
las baldosas repiten mántricas un coro que la acuna
estirar los brazos y comer la manzana
degustarla lenta, devolverla impúdica hecha semillas y cáscara, fértil
a un lado, al otro, mecida por eso que no existe, eso que es puro deseo
cerrar los ojos en sus brazos
sonreir apenas, virar la cabeza, acomodarse el cabello
oscilar en el salón de sus sueños, reina
dejarse acariciar por su voz, añorar
descomponer las figuras que se dibujan en el salón
brillar
no entiende lo que pronuncia
a un lado, al otro, a un lado, al otro, mecerse
acuñar el ritmo de la vida sin frenesí
decolorarse y tornarse un vals un murmurllo una vida.
el suelo deviene una página en blanco
y escribe
cruzar el océano, amar
las baldosas repiten mántricas un coro que la acuna
estirar los brazos y comer la manzana
degustarla lenta, devolverla impúdica hecha semillas y cáscara, fértil
a un lado, al otro, mecida por eso que no existe, eso que es puro deseo
cerrar los ojos en sus brazos
sonreir apenas, virar la cabeza, acomodarse el cabello
oscilar en el salón de sus sueños, reina
dejarse acariciar por su voz, añorar
descomponer las figuras que se dibujan en el salón
brillar
no entiende lo que pronuncia
a un lado, al otro, a un lado, al otro, mecerse
acuñar el ritmo de la vida sin frenesí
decolorarse y tornarse un vals un murmurllo una vida.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Un alba más
Se instala la calma como una mano mansa y verde.
Mi vientre huele a albahaca.
Suda el sol y trae nuevas palabras.
La garganta se lava de rosas.
He decidido quitarme el velo de la cabeza. Era pesada la tela, como la espera.
Urge la vida de otro modo. Esas manos quieren el pan de mi carne.
La primavera ha llegado en pleno invierno.
Mi vientre huele a albahaca.
Suda el sol y trae nuevas palabras.
La garganta se lava de rosas.
He decidido quitarme el velo de la cabeza. Era pesada la tela, como la espera.
Urge la vida de otro modo. Esas manos quieren el pan de mi carne.
La primavera ha llegado en pleno invierno.
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